'Round Jazz

Roy Haynes Dixit

De una entrevista a Roy Haynes el pasado verano, en el diario "El País"

"Procuro no hablar demasiado a los músicos con los que toco y que mi interpretación hable por mí. Al fin y al cabo, los jóvenes tienen hoy a su disposición un montón de escuelas donde se les enseña todo lo que hay que saber en torno al jazz. Yo no soy imprescindible. Sin embargo, la situación es un tanto paradójica. Por un lado, hay más chicos que nunca aprendiendo a tocar jazz, y a un tiempo, podría decirse que el jazz es un arte casi perdido; la música no llega a la televisión ni a la radio y no abundan los lugares donde tocarla. La pregunta es: todos estos músicos jóvenes, ¿dónde van a trabajar? En mis tiempos lo teníamos más fácil...".

No hay mucho más que añadir.

 

Todos en el mismo saco no, por favor

Ha sido esta temporada de festivales especialmente complicada para los fotógrafos. Nuestro trabajo a pie de escenario resulta difícil por las condiciones de luz, la poca movilidad  y las restricciones de tiempo que tenemos durante los conciertos. Esto lo asumimos como algo inherente a nuestra actividad, y capeamos los problemas como buenamente sabemos y podemos. Pero en las recientes ediciones de los festivales de Vitoria y San Sebastián se nos ha añadido otro inconveniente: las prohibiciones de los músicos. Así, Brad Mehldau (en dos ocasiones) y Abdullah Ibrahim (tras un tira y afloja con la organización) impidieron tomar fotografías de sus actuaciones, y lo mismo sucedió durante la actuación a dúo Metheny-Haden.
 

Wynton Marsalis dixit

Leído en una reciente entrevista en el diario "El País" al músico de Nueva Orleans:

Pregunta. ¿Qué se le pasa por la cabeza cuando acude a un festival de jazz y se encuentra con un grupo de música africana o con Eric Clapton o Elton John?

Respuesta. Es como si voy a un restaurante español y me dan a elegir entre paella y una hamburguesa o sushi. El peligro es que la excepción termina por convertirse en la norma, que es lo que está ocurriendo con los festivales de jazz. Y no es que haya nada malo en las otras músicas. El jazz no está en contra la diversidad, sería absurdo, pero que los llamen festivales de música sin más. Es una cuestión de proporciones. Que haya paella y jamón y unas buenas tapas y si, además, hay un plato de pasta, bien, siempre que la cosa no pase de ahí.