Todos en el mismo saco no, por favor

Ha sido esta temporada de festivales especialmente complicada para los fotógrafos. Nuestro trabajo a pie de escenario resulta difícil por las condiciones de luz, la poca movilidad  y las restricciones de tiempo que tenemos durante los conciertos. Esto lo asumimos como algo inherente a nuestra actividad, y capeamos los problemas como buenamente sabemos y podemos. Pero en las recientes ediciones de los festivales de Vitoria y San Sebastián se nos ha añadido otro inconveniente: las prohibiciones de los músicos. Así, Brad Mehldau (en dos ocasiones) y Abdullah Ibrahim (tras un tira y afloja con la organización) impidieron tomar fotografías de sus actuaciones, y lo mismo sucedió durante la actuación a dúo Metheny-Haden.
Los fotógrafos resultamos molestos para la audición/visión de un concierto: nos movemos de un lado a otro, las cámaras hacen ruido, estamos a lo nuestro mientras se desarrolla la actuación… También hay espectadores que llegan tarde a las salas (algunos muy tarde), les suenan los teléfonos ¡y hasta contestan!, o se dedican a hablar con sus acompañantes en un tono de voz más o menos elevado.

Afortunadamente no todos los espectadores se comportan igual, y lo que cuento arriba son situaciones reales pero aisladas, como tampoco todos los fotógrafos actuamos de la misma forma: algunos tenemos claro en donde estamos, procuramos que nuestras idas y venidas sean lo menos molestas dentro de lo posible, somos respetuosos con los músicos que están en el escenario y con los espectadores, somos fotógrafos y aficionados al Jazz, sabemos lo que es un pianissimo y lo que supone hacer clic en ese momento, disfrutamos de los buenos conciertos mientras hacemos nuestro trabajo y no nos saltamos las reglas, las del sentido común, por tener una foto.

Las grabaciones de Jazz son la memoria de una música concebida principalmente para su escucha en directo, como también lo son las fotografías de los músicos durante sus actuaciones. Yo, como aficionado al Jazz, disfruto viendo a Parker, Coltrane, Monk, Davis, Hawkins, Armstrong y Gordon  a través de las fotografías de Claxton, Leonard, Gottlieb y Tanner. Me gusta ver el punto de vista de otro colega con el que he compartido concierto y que ha sabido ver lo que a mí se me ha escapado, y recordar esa actuación a través de las imágenes del momento.

El detonante de escribir esta pequeña reflexión fue el leer una carta al director en un periódico local durante el reciente festival de Vitoria recriminando nuestra actitud durante uno de los conciertos, y el caso es que al autor de la misma no le faltaba razón. Yo asumo mi parte de culpa en este asunto, pero nunca me han gustado los corporativismos, así que cada palo aguante su vela: ¡todos en el mismo saco no, por favor!

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